¿Qué es la fascia, el sistema fascial y la Inducción Miofascial?

¿Qué es la fascia?

En realidad, es recomendable hablar de sistema fascial, ya que está formado por diferentes células con distintas funciones y se relaciona con otros sistemas corporales a través de una matriz colagenosa tridimensional.
Esta red tridimensional y continua que supone la fascia, envuelve y pone en contacto a todos los elementos corporales: huesos, músculos, órganos, vísceras, nervios, vasos sanguíneos, vasos linfáticos, etc., proporcionándoles el espacio, sostén y protección necesarios para que cada uno de ellos puedan realizar su función correspondiente. En la anatomía clásica se han estudiado de forma separada y aislada cada uno de estos elementos, sin embargo, los nuevos avances científicos han mostrado que ninguno de ellos podrían funcionar de forma adecuada sin la existencia de un tejido conectivo sano que los entrelace, conecte y les dé su forma.
Además de su función estructural, la fascia asume y distribuye los estímulos que el cuerpo recibe. Su red de receptores registra impulsos térmicos, químicos, de presión, vibración y de movimiento y los envía al SNC.

Diferentes capas fasciales entrelazadas

Esa red de tejido fascial que se dispone a lo largo de todo el cuerpo va a modificar sus características en función de su localización para adaptarse a las necesidades específicas de cada zona. Por ejemplo, el tendón y el ligamento son especializaciones del sistema fascial. Dada la continuidad de este sistema, una alteración del mismo en un punto afectará a su globalidad. Esto se traduce en que una lesión fascial en una zona determinada puede manifestar su sintomatología en otra zona diferente y distante. Este hecho es fácilmente comprensible a través de los nuevos modelos biomecánicos basados en el concepto de biotensegridad.
La densidad, la distribución y las características del sistema fascial difieren en su recorrido por el organismo, lo que le permite adaptarse y atender las solicitudes del movimiento, sin embargo, su continuidad es fundamental, lo que permite que actúe como un todo sinérgico, absorbiendo y repartiendo un estímulo local a los restantes elementos del conjunto, a diferentes escalas de su construcción 

¿Cómo se lesiona la fascia?

La fascia se lesiona o, lo que es igual, cambia su conformación tridimensional y hasta su composición ante cualquier traumatismo físico o emocional como pueden ser una fractura, esguince, torcedura, o un golpe, por el mantenimiento de posturas inadecuadas o de movimientos repetitivos, en procesos cicatriciales tras una intervención quirúrgica, un corte o una herida, por el mantenimiento de procesos álgidos ya sean degenerativos o no, e incluso como consecuencia de una alimentación incorrecta, de la pérdida de un ser querido o de cualquier otra experiencia de alto contenido emotivo. Todas estas situaciones pueden producir una lesión o disfunción miofascial ya que hacen que el tejido conectivo reaccione creando restricciones o entrecruzamientos. Estos entrecruzamientos, que podríamos considerar como especie de “nudos” de tejido conectivo, van a estrangular a los elementos que albergan o protegen, a aquéllos a los que les proporcionan sostén o superficie de deslizamiento, dificultando e incluso impidiendo, a veces, su funcionamiento.

Imagen de Scaravelli Inspired Yoga with Catherine Annis 

Los entrecruzamientos van a alterar y/o dificultar que se produzcan la gran cantidad de ajustes y movimientos altamente complejos de la matriz extracelular y, como consecuencia, la transmisión de la información a través de ella (Pilat,  2003). Los patrones de movimiento resultantes serán disfuncionales, pudiendo generar una respuesta de mecanotransducción (conversión del impulso mecánico en la respuesta química) alterada, que desencadenará una serie de mecanismos moleculares que darán lugar a la enfermedad (para saber más, consultar la web de TUPIMEK).

¿Qué es la Inducción Miofascial (MIT)?

Como podemos leer en la web de la Escuela de Terapias Miofasciales TUPIMEK, la Inducción Miofascial (MIT®) es una terapia manual que está dirigida al restablecimiento funcional del sistema fascial, cuando este se encuentra en disfunción. Durante el tratamiento, el fisioterapeuta aplica un impulso de baja intensidad (de tracción y/o compresión) mantenido en el tiempo. Este estímulo pone en marcha una serie de mecanismos moleculares asociados a la mecanotransducción celular, la piezoelectricidad y la viscoelasticidad. Y, como resultado, se consigue optimizar la calidad del sistema fascial, en concreto, de la matriz extracelular (que es uno de los componente del tejido conectivo). Este proceso está regulado “en tiempo real” por el sistema nervioso central (SNC), en el que el terapeuta actúa como facilitador.
El término «inducción» está relacionado precisamente con esa participación activa del terapeuta como facilitador del movimiento, en vez de realizar un estiramiento pasivo del sistema fascial.
La acción terapéutica consiste en proporcionar recursos al sistema fascial para que consiga el mayor equilibrio homeostático posible. Esto se va a traducir en la recuperación del rango de movimiento, en una distribución adecuada de las tensiones y en una mejoría de la fuerza y coordinación. El objetivo final del tratamiento es la consecución de una mejor funcionalidad del sistema/organismo, con un menor gasto energético, capacitando al organismo, en última instancia, de una mejor capacidad de adaptación a las demandas del entorno (interno y externo).
El resultado no solo podrá evaluarlo y valorarlo el terapeuta, sino también el paciente.

¿Quién se puede beneficiar de la Terapia Miofascial?

La Terapia o Inducción Miofascial tiene un amplio espectro de aplicaciones clínicas ya sea de forma exclusiva o en combinación con otros métodos fisioterapéuticos. Aunque no sólo pueden tratarse lesiones del aparato locomotor, es en este campo en el que destaca su efectividad. Así, algunas de las patologías o disfunciones susceptibles de ser tratadas por la Inducción Miofascial son:

  • Las algias vertebrales y musculares como las lumbalgias, lumbociáticas, cervicalgias y dorsalgias.
  • Presencia de «puntos gatillo» miofasciales.
  • Otras algias y disfunciones como el hombro doloroso, hombro de nadador, las cefaleas tensionales de origen mecánico, las disfunciones de la articulación temporomandibular (ATM) o los problemas menstruales.
  • Alteraciones de la postura como la hiperlordosis, hipercifosis dorsal o la escoliosis.
  • Disfunciones de origen tendinoso-fascial como el síndrome del túnel del carpo, epicondilitis o codo de tenista, epitrocleitis o codo de golfista, la tendinitis del manguito de los rotadores y la fascitis plantar, entre otras.
  • También es de especial interés el papel que la inducción miofascial puede tener en la recuperación posquirúrgica y en el proceso de cicatrización postraumático y posquirúrgico.
  • La terapia miofascial ayuda reducir la intensidad del dolor muscular en el síndrome de fatiga crónica.
  • Los pacientes con fibromialgia pueden encontrar mejoría en relación al dolor que sientes, así como la ansiedad, la calidad del sueño, la depresión y la calidad de vida.
  • En los pacientes con daño cerebral, el tratamiento con MIT mejora el control automático de la postura.
  • Y en los estudios realizados en pacientes sobrevivientes de cáncer de mama, parece que la MIT aumenta el tono parasimpático (relacionado con una mayor capacidad de reparación tisular), mejora la movilidad de cuello-hombro y mejora la calidad de vida.

¿Cómo son los tratamientos de Inducción Miofascial y qué frecuencia tienen?

Las sesiones de Inducción Miofascial son individualizadas y su duración oscila entre los veinte minutos y una hora.
A modo orientativo, la frecuencia de las sesiones variará de entre una y tres veces a la semana, dependiendo del tipo de lesión, de su antigüedad y de la severidad de la patología o disfunción a tratar. Sin embargo, siempre habrá que estudiar cada caso de manera individual para valorar cuál será la intervención más recomendable para cada paciente.

Técnica de plano transverso pélvico

Bibliografía
– Escuela de Terapias Miofasciales TUPIMEK. Sección “inducción miofascial”. Acceso: 16/10/20.
– Lucas L. (2011). Understanding your fascia. RT. June.
– Pilat A. (2003). Terapias miofasciales: Inducción miofascial. Aspectos teóricos y aplicaciones clínicas. McGraw Hill – Interamericana. Madrid.

– Para ver más imágenes y profundizar en el tema, haga click en el siguiente enlace de TUPIMEK.

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