Movimiento…

Desde que comencé mis estudios en 2006 Ciencias del Deporte estoy buscando el significado y la dimensión de qué es moverse.

Cuando me preguntan qué significa para mí el movimiento, la respuesta es difícil de concretar. Moverse es expresarse, es expandirse, es experimentar, es vivir, es sentir, es emocionar, es liberarse, es una conversación conmigo mism@, es un acto de conexión y comunicación con mi cuerpo y lo que me rodea, es SER.

Al principio moverse resulta algo intuitivo, natural y espontáneo que nos hace evolucionar como seres humanos. El bebé cuando tiene hambre o miedo, llora, se expresa y mueve para llamar la atención.

Conforme vamos creciendo vamos desarrollando movimientos más globales y complejos. Aquellos que nos permiten llegar hasta mamá o papá, el alimento o el juguete que quiero. Aquellos movimientos que me permiten jugar con mis amigos y me permiten expresarme, pero llega un momento en el que comenzamos a dejar de movernos, comenzamos a estancarnos en nuestro cuerpo.

Nos sentimos presos dentro de nuestro propio cuerpo, sin poder expresar lo que sentimos, lo que vivimos, o simplemente sin poder llegar a donde necesitamos.

Nuestro cuerpo se compone mayormente de agua, y como el agua de un arroyo o de un río, esta transcurre sin dejarse retener por los escollos que surgen en sus márgenes, y avanza hasta su desembocadura. En las zonas donde el agua no fluye, es allí donde comienzan a depositarse los restos de suciedad, impurezas que vienen con la corriente, es donde comienza a desarrollarse la podredumbre y a surgir insectos y bacterias que hacen que esa agua no sea más la misma que discurría libre por su cauce.  El cuerpo humano responde de la misma manera que un río o un arroyo.

Esos escollos o dificultades pueden venir en diferentes planos, siendo los problemas físicos los que más cercanos nos resultan. Cuando tenemos un problema físico, inmediatamente nos recomiendan reposo, quietud y descanso; cuando nuestra respiración no es fluida, y se presenta problemas respiratorios, nuestro cuerpo también lo padece y siente los síntomas de la falta de fluidez. 

En nuestra mente nos estancamos en un pensamiento o idea, que pone barreras y rejas a nuestra capacidad de expresarnos con nuestro cuerpo y limita nuestros movimientos a aquellos más seguros y conocidos, sin permitirnos experimentar, explorar y sentir más allá de los movimientos rutinarios de nuestro día a día.

Cuando en una clase el profesor da libertad para moverse como queramos, al principio la gente tiene miedo. ¡TIENE MIEDO DE MOVERSE LIBREMENTE!!!! Nuestros patrones están tan establecidos de mayores que ya no recordamos lo que es la libertad de expresarse mediante el movimiento. Pero, cuando esas cadenas se rompen, la mochila tan pesada con la que cargamos parece que se hubiera aligerado, que esos kilos hubieran desaparecido, esas cadenas se hubieran soltado y aunque sea por un ratito, nos sentimos libres de verdad, libres de ser y expresarnos, libres de explorarnos y tocarnos, libres de volver a ser quienes, en lo más profundo, seguimos siendo….

Te invito a que, si te sientes encerrad@ en tu cuerpo, empujes, empujes hasta que los diques de contención se rompan, hasta que se inunde todo el valle de agua y vuelvas a sentir que fluyes, SEA CUAL SEA tu dique, siempre hay un lugar por el que puedes continuar tu camino y salvar el escollo, siempre hay una salida, siempre puedes volver a FLUIR.

David Carmet

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